Por qué “segregacionista”, “catalanista” y “racista” son palabras más poderosas que “independentista”, "separatista" y "secesionista" para marginar el ultranacionalismo. Cuando hablamos de ultranacionalismo catalán, a menudo nos encontramos usando términos que en realidad son descriptivos. Pero si tu objetivo es criticar, ridiculizar y marginar esta ideología, esas palabras no son las más eficaces. ¿Por qué? Porque describen un hecho, no una actitud censurable, y por tanto ocultan la realidad de lo que sucede en Cataluña.
Neutralidad versus condena moral
Palabras como independentista o secesionista son técnicas: señalan que alguien desea separarse de España, pero no implican juicio de valor. No transmiten por sí mismas que esa postura sea excluyente, injusta o dañina. Una persona puede identificarse con esos términos y justificarlos como parte de su visión política, y es difícil atacarlos sin caer en una discusión de opiniones.
En cambio, términos como segregacionista, catalanista y racista cargan con peso moral negativo. Veamos por qué:
Segregacionista: no solo indica separación, sino exclusión y discriminación. Sugiere que el objetivo no es cultural o político, sino dividir y marginar a otros grupos. Implica usar criterios racistas y étnicos, no una separación que puede ser solo por discrepancias organizativas, económicas, etc.
Catalanista: en este contexto, se puede usar para señalar un nacionalismo excluyente que prioriza la lengua y la identidad catalana sobre cualquier otra, con tintes de fanatismo. Y además se le quita ese barniz de defensa del oprimido y se equipara con las connotaciones de extrema derecha que tiene actualmente "españolista". El contagio semántico se producirá por el contexto, por ejemplo cuando se habla de racismo, y por la memoria colectiva de cuando se usa "españolista".
Racista: la palabra más potente de todas. Nadie quiere ser llamado racista. Inmediatamente transmite injusticia y hostilidad hacia un grupo por su origen, lengua o cultura. Pero es conveniente adjetivarlo, lo ideal sería "racismo catalanista".
El impacto comunicativo
Usar estas palabras no es solo cuestión de semántica, sino de estrategia comunicativa, implica rechazo social inmediato, no hay que explicarlo, no hay que esforzarse por asociarlo, palabras como “racista” provocan una reacción negativa automática. Ridiculización implícita: “segregacionista” y “catalanista” dejan en evidencia su ideología extremista. Difícil defensa: mientras que nadie puede justificar ser racista sin intentar defenderse, un independentista puede presentarse como un simple ciudadano con opinión política.
Estos términos pueden implicar rechazo por parte de los catalanistas o incomodidad inicial por quienes van a usarlos pensando que van a sonar exagerados y deseen replegarse de nuevo a la neutralidad y no posicionarse: muchas personas pueden reconocer que el ultranacionalismo es problemático, pero no estarán dispuestas a usar un lenguaje tan directo o moralmente cargado. Es decir, aunque estén de acuerdo en el fondo, no usarán voluntariamente esos términos por miedo a ser considerados extremos o agresivos.
Por tanto va a requerir gradualidad en la adopción: cambiar el vocabulario implica movimiento de la ventana de Overton (lo socialmente aceptado y no demasiado radical), que suele ser lento. Primero algunos líderes de opinión o comunicadores lo usan, generando ejemplo; luego se filtra hacia un público más amplio. Va a generar polarización de reacciones: habrá quienes lo adopten y quienes lo rechacen automáticamente, lo que también sirve para diferenciar entre los que aceptan confrontar la realidad del nacionalismo y los que prefieren el lenguaje neutro.
Estrategia consciente: hay que aceptar que el impacto no será inmediato ni universal. La fuerza de los términos está en su carga moral y crítica, pero solo un sector del público estará dispuesto a usarlos sin titubeos. Por eso, en la comunicación, a veces conviene combinar términos más neutros con los más cargados, para ir expandiendo la aceptación progresivamente. Pero aunque no todos los usen, todos estarán sujetos a su influencia ya que tendrán que escucharlos.
Conclusión
Si quieres neutralizar al ultranacionalismo catalán, no te quedes en términos neutros. La eficacia comunicativa está en palabras que transmiten juicio moral y provocan rechazo: segregacionista, catalanista y racista son armas lingüísticas mucho más potentes que independentista, secesionista o separatista. Elegir bien las palabras es elegir bien la estrategia: con ellas, señalas claramente que no se trata solo de política, sino de un proyecto excluyente que merece crítica y desprecio social.
